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Madre Teresa de Calcuta, ¿una santa o una figura engañosa?

El lado oscuro de Santa Teresa de Calcuta.

Agnes Gonxha Bojaxhiu, mejor conocida en todo el mundo como Santa Teresa de Calcuta o Madre Teresa, fue tanto en vida como póstumamente una de las figuras más destacadas de la Iglesia Católica.





Esta mujer, admirada fervientemente por los católicos, se le conoce ampliamente por su trabajo para combatir la pobreza y ayudar a los marginados en las regiones más necesitadas de Calcuta, India.

Su colección de trofeos está conformada por múltiples galardones que van desde el Premio Ramón Magsaysay hasta el Premio Nobel de la Paz que obtuvo en 1979, consolidando así un legado que describe a una persona que trabajó exclusivamente por el bienestar de los desvalidos.





Ahora mismo, donde quiera que se mencione su nombre, lo primero que viene a la mente de muchos es la imagen de una mujer bondadosa que tenía las intenciones más puras y una sonrisa que acogía a todos en su gracia.

Santa Teresa de Calcuta
Durante más de 45 años, la Madre Teresa atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, al mismo tiempo que guiaba la expansión de su congregación, en un primer momento en la India y luego en otros países del mundo.

Pero puede que la verdad esté muy lejos de esta percepción.




Las acciones y motivaciones de la Madre Teresa han sido cuestionadas a lo largo de los años por mucha gente, que las consideran como una «romantización del sufrimiento de las personas».

Desde sus controvertibles prácticas en las Misioneras de la Caridad hasta sus dudosos modos de manejar el dinero concedido por personas igualmente turbias, en este artículo abordaremos en el lado oscuro de Santa Teresa de Calcuta.

El ángel del Infierno

En un documental de 1994 titulado “El ángel del infierno”, surgió la primera de varias críticas al trabajo de Teresa de Calcuta.

El trabajo critica duramente las condiciones sanitarias de las casas de beneficencia y los hospicios. Varias declaraciones de testigos presenciales afirman que allí se desatendió la seguridad de las personas con enfermedades terminales bajo la mirada «atenta» de la Madre Teresa. Esta displicencia quedó evidenciada en la forma en que las monjas reutilizaban las mismas agujas entre pacientes que estaban siendo tratados.

Las agujas no se esterilizaban, lo que se convertía en una muy alta probabilidad de infección. Y peor aún, estos procedimientos indebidos estaban llevándose a cabo en un lugar donde trataban a pacientes de VIH/SIDA que ya estaban inmunocomprometidos.

Otro testigo presencial aseguró que el personal que atendía estos lugares no contaba con capacitación médica y tenía pocas habilidades para tratar a los pacientes con enfermedades incurables y poco tiempo de vida.

Así entonces, se puede inferir que Teresa se estaba aprovechando de esas personas para mejorar su imagen de compasiva en lugar de preocuparse realmente por ellas.

¿Falta de recursos económicos?

Muchos podrían concluir que operar en un área empobrecida de la India significaba no contar con los recursos económicos suficientes, lo que llevaba a tener condiciones terribles en esos hospicios. Pero esto es bastante improbable dado que la Madre Teresa recibió más de 30 millones de dólares en fondos provenientes de varios donantes en todo el mundo.

Ese dinero podría garantizar el óptimo funcionamiento de aquellos lugares. En cambio, no hubo ningún intento, ni siquiera ligeramente, de mejorar las condiciones de los pacientes.

La negativa de la Madre Teresa y de otros misioneros para la instalación de calentadores de agua en ciertos campamentos deja ver que ella poco se preocupaba por los enfermos, a quienes no les quedaba más que bañarse con agua helada.

El periodista de investigación Donald McIntyre se introdujo en uno de esos hospicios como voluntario para la Madre Teresa y denunció negligencia similar e incluso casos de abuso.

Los informes de MacIntyre afirmaban que los niños y los enfermos mentales solían ser atados con cuerdas y ropa para poder alimentarlos o inmovilizarlos. Pero estas claras violaciones de los derechos humanos fueron ignoradas y jamás se relacionaron con la personalidad más santa de la Madre Teresa.

Amigos de la élite

La Madre Teresa seguramente se juntó con las personas equivocadas. Se sabía que se había hecho amiga de individuos que donaban a su causa sin importar el origen de su dinero ni sus acciones.

La monja aceptó donaciones y medallas de personas involucradas en grandes genocidios de miembros de comunidades cristianas de todo el mundo. Esto incluyó a el presidente estadounidense Ronald Reagan, quien presuntamente orquestó el asesinato de monjas católicas y del arzobispo de San Salvador durante la guerra fría.

Para una persona que dedicó su vida a salvar vidas, esto definitivamente es un caso de doble moral.

Amigos en la élite
El presidente Ronald Reagan entregándole a la Madre Teresa la Medalla Presidencial de la Libertad durante una ceremonia en la Casa Blanca en 1985.

Como si fuera poco, también tuvo vínculos con magnates como Charles Keating, quien más tarde sería llevado a prisión por fraude y extorsión debido a sus malas prácticas financieras.

Eso demuestra que Teresa de Calcuta se inclinaba más por la recolección de dinero (que, como ya se mencionó, ni siquiera utilizaba para mejorar la vida de los enfermos) que por el verdadero altruismo.

¿Una santa o una figura engañosa?

En 2016, casi 20 años después de su muerte, la Madre Teresa fue declarada por el Papa Francisco I como Santa o digna de veneración universal, y su vida fue canonizada en la Iglesia Católica Romana.

Para otorgar el título de Santo, la Iglesia Católica debe comprobar al menos dos milagros. La Madre Teresa hizo estos dos milagros en 1998 y 2008. El primero fue a Mónica Besra, una mujer de la India que afirmó que su enfermedad, un tumor maligno en el abdomen, fue curada luego de orar a la Madre Teresa. En 2002, la Iglesia reconoció formalmente esto como un milagro.

No obstante, varios informes, incluido el testimonio del esposo de Besra, afirmaron que la mujer fue curada por los médicos y no por Teresa, y fueron los medicamentos que durante nueve meses debió ingerir los que la salvaron.  Al parecer, a la Iglesia Católica le importó más declarar un milagro que la ciencia detrás de la curación de los tumores.

Después del fallecimiento de Teresa en 1997, surgió otro informe de un milagro en 2008 de un hombre brasileño con múltiples tumores cerebrales. En solo siete días, la Iglesia Católica culminó su investigación, y luego el Papa Francisco otorgaría el título de Santa a la Madre Teresa.

La obra de la Madre Teresa

Santa Teresa de Calcuta es, sin duda, una mujer que pasó su vida al servicio de los más pobres y enfermos. Sus décadas de lucha lo certifican.

Sin embargo, su altruismo no fue tan claro. Ni blanco, ni negro.

Con todas las declaraciones de testigos presenciales y las críticas que sus acciones han obtenido, es más honesto decir que la obra de la Madre Teresa se encuentra en una zona gris, lejos de ser perfecta. Y mucho menos que le valga para ser declarada «digna de veneración universal».

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