Cómo los tipos de sangre pueden determinar la personalidad, según la cultura japonesa

¿Eres A, B, O ó AB? En Japón y Corea del Sur, existe una creencia generalizada que la personalidad está relacionada con el tipo de sangre.

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Si te encuentras en un bar madrileño y le preguntas a un extraño cuál es su tipo de sangre, en el mejor de los casos te mirará con bastante extrañeza. Pero si ese bar es en Japón o Corea del Sur, lo más probable es que ese extraño te ofrezca una respuesta.





En esas culturas orientales, las personas suelen creer que el tipo de sangre influye en la personalidad, así como los signos zodiacales intervienen en las culturas occidentales. No obstante, el motivo por el que esto se convirtió en un fenómeno cultural en estas regiones guarda una historia un poco oscura.

Cómo se interpretan los tipos de sangre

Aquí hay un vistazo sobre cómo funciona el sistema. Quienes poseen sangre tipo A se consideran personas amigables, cálidas, compasivas y hospitalarias. Generalmente se llevan bien con otras personas y hacen buenos amigos. Pero pueden ser algo obsesivos, fastidiosos y tímidos. En ocasiones, pueden expresar su afecto de forma abrumadora y tienden a desatender su propia felicidad. Y debido a que la teoría de la personalidad del tipo de sangre se maneja de manera similar al sistema de signos zodiacales, el componente romántico también aplica en esta creencia: la gente del tipo A debe tratar de salir con gente del mismo tipo A o del tipo AB.





Las personas tipo B son creativas, extrovertidas, espontáneas y despreocupadas. En su faceta negativa, pueden ser personas egocéntricas, impacientes y demasiado independientes. Sus vidas amorosas son similares a las tipo A: se les recomienda salir con otras tipo B o AB.

Las personas tipo AB son, naturalmente, una combinación de cualidades de las tipo A y tipo B. Pueden caracterizarse por ser contradictorias: ocasionalmente son personas tímidas y otras veces extrovertidas. Se les considera muy racionales y adaptables, pero pueden ser críticas, indecisas y distantes. Dada su flexibilidad, pueden salir con casi cualquier persona.

Las personas tipo O son seguras, de voluntad firme y competitivas. En su faceta negativa, pueden mostrarse egoístas, agresivas y arrogantes. En este caso, su mejor apuesta es salir con otras personas tipo O o tipo AB.





Y aunque hay otros tipos de sangre, como la llamada «sangre dorada» o sangre Rh nulo, la teoría de la personalidad realmente solo describe los tipos principales antes mencionados.

Si bien puede ser divertido comparar y contrastar los aparentes rasgos de la personalidad con nuestros tipos de sangre, al igual que lo hacemos con los signos zodiacales, la verdad es que existe poca evidencia científica que respalde esta teoría. Aún así, detrás de ella hay una historia, que paradójicamente tiene sus orígenes en el mundo académico.

De la eugenesia a la psicología popular

En 1901, el patólogo y biólogo austriaco Karl Landsteiner descubrió y tipificó por primera vez los grupos sanguíneos. El descubrimiento fue colosal. Si en una transfusión una persona recibiera sangre de un donante incompatible, los síntomas que podría esperar serían realmente indeseables: sensación de ardor, fiebre, escalofríos, formación de coágulos letales de sangre en las venas y una inexplicable sensación de muerte inminente.

Aunque al final se convirtió en uno los más grandes logros médicos de la humanidad, esta investigación también desató oscuros fines. A comienzos del siglo XX, el pensamiento racialmente sesgado y la eugenesia ganaban popularidad en el mundo entero. Los nazis se obsesionaron con la idea de la pureza de la sangre. Se pensaba que los diferentes tipos de sangre tenían una correspondencia con las diferentes razas, y aunque la proporción de tipos de sangre varía según el origen étnico, los científicos de ese entonces también atribuyeron una serie de características raciales según el tipo de sangre.

Específicamente, la sangre tipo B fue vista como degenerada. Según un medio alemán, un bacteriólogo aseguró que la sangre tipo B era portada mayormente por «individuos identificados como inferiores» y que era común hallarla en «psicópatas, histéricos y alcohólicos», así como, curiosamente, en «individuos morenos».

Esta línea de investigación llegó a Japón en 1927. Un artículo del psicólogo social Takeji Furukawa, titulado » El estudio del temperamento a través del tipo de sangre «, presentó la primera versión de la teoría de la personalidad del tipo de sangre.

Su trabajo fue significativamente equívoco, ya que usó un tamaño de muestra demasiado pequeño y procedimientos estadísticos poco consistentes para llegar a sus conclusiones.

Aun así, Furukawa promovió con entusiasmo el estudio y consiguió afianzarse en Japón.

Algunos patronos comenzaron a incluir en sus solicitudes de empleo una casilla para ver si sus posibles empleados tenían el tipo de sangre compatible para el trabajo. El gobierno japonés, cada vez más nacionalista y expansionista, llegó a adoptar el concepto en sus fuerzas armadas, al punto que decidió agrupar a los soldados según sus tipos de sangre.

El mismo Furukawa sugirió que la teoría de la personalidad del tipo de sangre podría funcionar en el área de la eugenesia, una filosofía social convertida en tema de gran interés en Japón durante la primera mitad del siglo XX.

Algunos expertos apoyaban el hecho de que los japoneses continuaran siendo junketsu, o raza pura, mientras que el argumento de otros era que los japoneses konketsu, o mestizos, podían obtener cualidades apetecidas que se creían encontrar en otras razas.

Más tarde, Furukawa se involucraría en una investigación de los tipos de sangre taiwaneses para intentar esclarecer el porqué de su tan apasionada resistencia a ser conquistados por Japón en 1895. De hecho, la mayoría de taiwaneses tenían sangre del tipo O, por lo que se concluyó que se debía a la aparente tendencia hacia la agresión y terquedad de las personas de este tipo sanguíneo.

Entonces, ¿de qué forma trascendió esta inquietante historia en la injustificada (y discriminatoria) práctica de utilizar los tipos de sangre que se observa actualmente en Japón y Corea del Sur?

La idea de la influencia de los tipos de sangre en la personalidad fue desapareciendo de la conciencia pública a medida que avanzaba el siglo XX. Sin embargo, un periodista llamado Masahiko Nomi revivió la teoría en la década de 1970.

Nomi se encargó de suprimir la mayoría de los aspectos eugenésicos y racistas que encarnaban la teoría inicial. De nuevo, el tema ganó bastante popularidad.

Nomi publicó 65 libros superventas y, tras su fallecimiento, su hijo Toshitaka Nomi continuó la labor hasta 2006, cuando murió.

El origen de la representación moderna de la teoría de la personalidad del tipo de sangre se debe en gran parte a estos dos escritores y, aunque abarca muchos menos prejuicios de lo que contenía a comienzos del siglo XX, a las personas todavía se les acosa o niega el empleo debido a su tipo de sangre. De hecho, existe un término que describe el acoso según el tipo de sangre: bura hara.

La comunidad científica

Si bien la teoría ha captado notoriamente la atención de muchos ciudadanos de Japón y Corea del Sur, la comunidad científica aún no tiene suficiente evidencia que la respalde.

Una investigación publicada en 2014 por el psicólogo Kengo Nawata, por ejemplo, analizó la tipología sanguínea y las personalidades de más de 10 000 personas, encontrando que el tipo de sangre comprometía sólo el 0,3 por ciento de la variación en las personalidades, una fracción que fácilmente podría derivarse de un error estadístico.

Otros científicos descubrieron que el tipo de sangre se relaciona con la personalidad en países donde la creencia en la teoría de la personalidad del tipo de sangre es fuerte. La sorprendente conclusión a la que llegó este estudio es que muchas personas prefirieron transformar sus personalidades con tal de acoplarse a su tipo de sangre.

Pero la teoría ciertamente puede ser más razonable que la idea de que los signos zodiacales influyen en la personalidad. Tiene menos sentido ver cómo la posición de los astros podría causar efectos en un individuo, y hay más coherencia cuando concebimos que ciertos factores genéticos puedan hasta cierto punto tener relación con la personalidad.

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